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domingo, 19 de septiembre de 2010

¡PRIMERA BICI!


Hace meses llevo un diario con los principales sucesos de la vida del Santi y la secreta esperanza de que él, algún día, quiera leerlo. Esto salió recién. El Santi les envía saludos a todos.

Domingo 19 de septiembre de 2010

22:54.
Hace días que no te escribo, Santi. Todavía no tenemos el nombre de tu hermanita. Hoy fue un día muy especial porque pasaron muchas cosas.
Tal vez lo más importante para vos fue que en un viaje especial fuera de fecha vino Papá Noel a recoger tus chupetes y a dejarte tu primera bicicleta. ¡Te fascinó! Anoche tenías bastante miedo porque te contamos que Papá Noel iba a entrar por la estufa… Casi te ponés a llorar. Pero ese momento pasó, dejamos los tetes en el chispero, te fuiste a dormir con mamá (porque Amneris, una amiga de tu tía Carolina, se quedó en tu cama pues había sido el cumpleaños de dos de tu primo Andrés). Al despertarte encontraste la bicicleta y tu cara era un sol.
Tu bicicleta es de Ben 10, un dibujito que vos, por suerte, no mirás. A mamá le gustó y te la compró, aunque le dijeron que había que hacerle varios ajustes de tuercas, pernos, frenos, etc., y se suponía que esos ajustes los tenía que hacer tu papá… que no sabe nada de nada sobre bicicletas. Resultado: te encantó la bici pero no pudiste usarla casi nada. Mañana lunes la llevaremos al bicicletero y ahí sí, a pedalear.
Ahora tu papá se acuerda de su primera bicicleta (una que tus abuelos todavía guardan en el galpón del fondo de su casa). Era una Graciela que no hacía referencia a ningún dibujito animado ni personajes de historieta o cosa que se le parezca. En aquellos tiempos las bicicletas sólo podían ser Graciela u Ondina. Rojas o azules. Nada más. Tenía cinco años tu padre y jura que esa noche, a través de un vidrio esmerilado, vio a los Reyes Magos dejarle su bici. Los vio con camellos y todo.
Ya los verás vos también.

viernes, 13 de agosto de 2010

ALGO EN TU ROSTRO (llegada y realidad)


Cuando lo vi después de diecinueve días mi mirada se cerró en su rostro. No ocurrió de inmediato. Antes, en dos segundos, vi que a esperarme habían ido no sólo Ale, Santi y Pablo sino también mis padres, mi hermano y mis suegros. Pero eso fue en dos segundos. Después, en el trayecto desde la última puerta a la valla, mis ojos sólo pudieron distinguir la cara de Santiago. Lo demás se borró rápido, se volvió oscuro y fue como esos efectos de las películas de ciencia ficción en los que se quiere dar a entender que la nave alcanza la velocidad tal o cual y se pierde en la negrura. Sólo brillaba la cara de Santiago, como un sol. Es decir, era un sol. Dijo papá y le hizo fuerza a su abuelo para tirarse por arriba del obstáculo. Lo recibí temblando y sin llorar. Siempre creí que en ese momento iba a llorar. En realidad no podía más de la felicidad. Santiago se prendió a mi espalda y después lo saqué para darle besos y él me miraba fascinado. Sentí una mano suave en la espalda y supe que era Ale. Nos agarramos los tres, que bien mirados somos cuatro, y nos dimos un abrazo de emoción y nadie lloró. Todos felices.
En el camino les conté que desde el avión había identificado clarito a San José por las luces de las calles del centro, por las luces de la cooperativa (increíble: ¡vi desde cinco mil metros, mientras descendíamos en la noche negra, los postes del alumbrado público!), por las del frigorífico que está a un par de kilómetros. Santiago no se me despegaba: habían llevado su silla para vehículos pero terminó por dormirse en mi falda contraviniendo cualquier buen consejo referido al tránsito.
Después vino la realidad: mis alumnos (parece que al menos algunos me extrañaron), mis compañeros (algunos ni se enteraron que me había ido), mis cuentas, los arreglos de la citroneta, el peso a peso hasta fin de mes –esto vino enseguida-, los conflictos y hasta los paros.
Y también más realidad: antesdeayer (miércoles 11) una noticia en la tele: “Cae ómnibus al abismo en el norte de Perú. Veintidós muertos.”
A veces pienso en el azar. En el libre albedrío. En la ilusión de que tomamos decisiones por nosotros mismos…

miércoles, 21 de octubre de 2009

LA MIRADA DEL QUE MIRA


Pupila
Miro en ella
Al dios que me mira

Hay algo en ese acto
En esa condescendencia
Descendencia del dios

Hay algo allá arriba
Pero acá abajo sí
Ahora sí
Hay algo
La evidencia para el apóstol
Que no creyó

Mi padre reza de noche.
¿Admitirá eso algún día,
a sus compinches ateos?
Hoy es feliz mi mirada
Y la mirada del dios
Que me mira.

martes, 8 de septiembre de 2009

SIESTA Y NACIMIENTO


13:30

Se mece el tiempo en el aire
Nacido de un suspiro del agua

Tus ojos alas páginas cerrados
Cuerpo hechizo manto vida

Rulos amarillos sentidos tacto
Siesta padre calor frío afuera

Hormigas en los pies
Se mueve patea codea despierta nace

Nacemos: 15:30.

sábado, 4 de abril de 2009

ROMANCE DE LA COBIJA


Mi hermano ha venido a visitar a su ahijado y sobrino. Santiago está muy bien en sus brazos, se le recuesta a la barba y lo babea como si estuviera midiendo niveles de tolerancia. Y los niveles de tolerancia de mi hermano son bien amplios. Después, juntos, se van a ver a los Backyardigans mientras yo me tomo un par de pastillas. Hace dos horas ha venido la doctora a vernos a Alejandra y a mí. Tenemos esa cosa rara que es una gripe que no es gripe. Agua que corre por frente a los ojos y cae por las fosas. Agua, sólo agua. Las cataratas del Niágara o las de Iguazú, pero por la nariz.
Pero ese no es el punto.
El punto es que ahora estoy en la computadora y mi hermano viene. Le pregunto cómo le ha ido en las prácticas de historia, me cuenta que ha tenido el grupo a cargo por licencia médica de la profesora titular. Le ha ido bien. Me pregunta por mis clases. Le comento que llevé hoy, sábado, el “Romance del Enamorado y la Muerte” en la versión de Washington Carrasco y Cristina Fernández. Se empieza a reír. Me habla de un compañero suyo de liceo a quien yo conozco bien pues ha sido parte de la cooperativa. Me dice, riéndose, que cuando estaba en cuarto también trabajó ese romance y que este tal Andrés V. puso en un escrito que la enamorada le había arrojado una cobija al enamorado para que subiera, y que la cobija había fallado… Una cobija… No podemos hacer otra cosa que reír por un buen rato. Quedaría algo así:


-Vete bajo la ventana
Donde labraba y cosía
Te echaré cordón de seda
Para que subas arriba
Y si el cordón no alcanzare
Pues también una cobija.
La fina seda se rompe
Falla después la cobija.
-Vamos el enamorado
Que la hora ya es cumplida.


Una lástima. Eso pasa por comprar berretadas en Ta Ta.

sábado, 6 de diciembre de 2008

LETRAS URUGUAYAS

Les presentamos a una nueva estrella en la constelación de escritores uruguayos.
Saludos a todos.

domingo, 16 de noviembre de 2008

GOLPE DE ALA FRESCA


No es posible encontrar palabras justas para lo que quiero decir, Santiago. ¿Y mamá dónde está? Tomando la foto, Santi. Tu mamá siempre está.



GOLPE DE ALA FRESCA

Un golpe de ala fresca tu mirada
Amor que mueve el tiempo en torbellino
Un algo en un profundo remolino
La vida se te acerca alborotada

La mano que te trajo fue tu hada
Y hay otra que te mece de ternura
Persisten la verdad y la blancura
Del alba que alumbraste en tu mirada

Azul ahora el tiempo que te habita
Azules los reflejos de tu alma
Y azul como si fuera un mar en calma

Sumido en la más triste letanía
Reflejo de un cielo de miradas
¡Qué importa que sea azul, si es alegría!