jueves, 26 de marzo de 2009

EL ELEFANTE DE SARAMAGO


ERRORES QUE SON ACIERTOS



He pasado mis viajes a Ismael Cortinas acarreando libros. Además del de Quiroga y el de Akutagawa, que van siempre por la sencilla razón de que van a trabajar, por este trayecto también vinieron la Odisea, La vida es sueño, El pozo, El viaje del elefante y, últimamente, Pedro Páramo. A veces los agarro y leo un par de páginas. Otras veces, como hoy (miércoles), no puedo dejar de leer durante los sesenta quilómetros del viaje. Y a veces ni los toco. No puedo explicar esta discontinuidad, ni me interesa, por cierto.

Quisiera detenerme en uno solo de estos libros: el de Saramago. Mi primer pensamiento ante el título, inocente pensamiento, claro, fue "bueno, acá se viene un libro de memorias de un viejo; alguien que se considera tan viejo y tan grande como un elefante y que ahora, antes de morir, quiere dejar testimonio autobiográfico de su pasaje por este valle de lágrimas". Más o menos así fue lo que pensé.

Mi madre me regaló el libro el día de mi último examen y pospuse su lectura no sé por qué. Y posponiendo la lectura lo que pospuse fue el disfrute de una novela muy buena, escrita por un tipo que no tenía necesidad de escribir nada más porque ya lo había obtenido todo. En realidad la novela está plagada de esas distorsiones narrativas que algún teórico ha denominado digresiones (mucho político en la vuelta, cuando se va por las ramas, pide disculpas por su "di-s-gresión"...), y que no son otra cosa que la voz del narrador, la voz de Saramago mismo, que nos habla desde un presente de aviones y celulares sobre el viaje de un paquidermo en el siglo XVI desde Lisboa hasta Viena. El personaje principal, el cornaca que se ocupa de Solimán (que tal es el nombre del elefante), es una mezcla bien lograda de caballero y de pícaro. El elefante, que comparte con él la titularidad del relato, es una criatura inexplicable para un europeo de esos tiempos, y tal vez para cualquier hombre de cualquier edad que no sea cornaca, y a lo mejor también para los cornacas. El paso del elefante es un milagro que la Iglesia Católica utiliza a su favor en plena época de reformas y contrarreformas.

¿Tenía alguna necesidad Saramago de escribir esta novela tan arriesgada desde el punto de vista técnico, tan plagada de "errores" narrativos como por ejemplo el de juntar en un mismo párrafo al sobrino de Carlos V con la revolución francesa y la internet? En algún momento de la narración pensé "este tipo está loco; todo el mundo pendiente de lo que va a hacer (probablemente morirse), y él termina despachándose con esta cosa que no se sabe si te va a hacer reír o llorar..., así, impunemente..., calculo que si lo hiciéramos nosotros, los que aún somos considerados "jóvenes" nos echarían los galgos sin piedad, o tal vez nos los echaríamos nosotros mismos". Después pensé "sí, está loco, pero va al frente..., ¡y cómo me gustan los artistas que van al frente, que arriesgan su prestigio porque les importa tal vez poco, porque lo fundamental, en todo caso, es conmover!”

Eso: este libro conmueve. Lo que me parece de una absoluta primera necesidad en estos tiempos.

O sea, sí había necesidad de que Saramago escribiera su novela, por más que él no necesitara hacerlo para ser eso que es: probablemente el mejor escritor vivo.

12 comentarios:

Ignacio dijo...

¡Volviste! Debés haber estado lesionado o algo. Espero que el posoperatorio haya sido agradable...
Vos sabés que al libro de Saramago lo tuve todo el verano en la librería y nunca le leí ni una página... Tal vez por las aburridas experiencias anteriores con el luso del lenguaje. ¿Por qué no usa puntos?
Y, como corolario, arranco desde aquí mi campaña "Mankell al Nóbel aunque sea sueco."
Abrazo.

Ramiro Sanchiz dijo...

Saramago nunca fue (ni será, supongo) de mis favoritos, pero me cae simpático que haya escrito en su vejez un libro arriesgado. Hace unos días reseñé "La encontadora de Florencia", de Salman Rushdie, y me dejó sabor a poco riesgo, a linda novela escrita (maravillosamente escrita, aclaremos) para agradar con recetas probadas. Voy a entrarle al Viaje del elefante cuando salga de algunas cosas que tengo en la mesita de luz.

Telemías dijo...

Ignacio: volví, sí, después de un tiempito sin tiempito. A mí me gusta que el tipo no use puntos ni nada. Pero te entiendo: ese tipo de cosas te dejaría casi que sin laburo. Igual que cuando él mismo explica lo que quiere decir, limitando así interpretaciones analíticas.
Ramiro: leí en tu blog el comentario de Rushdie. Es difícil cuando en estas cosas interviene el gusto. Un lema podría ser: "si ese del que todo el mundo dice que es un genio no te gustó una vez, dale una breve segunda chance de al menos tres páginas corridas". Después sí, hasta luego.

Archiduque de Applecore dijo...

A mí me pasó algo con un poema que se le atribuye a Borges, aparecido cerca del final de su vida. El poema se llama "Aprendiendo" o "Aprendizaje" y es espantoso. Yo pensé para mí: ¿Querría Borges que realmente lo olviden, como manifestó muchas veces en enésimas entrevistas y conferencias?

Luego Damián me dijo que no era un poema suyo, que era una farsa de unos pibes que se estaban divirtiendo. Respiré profundo y pensé: ¡Qué alivio! Puedo dormir tranquilo...

De Saramago aún no leí nada...

Damián González Bertolino dijo...

Yo pensé que ibas a decir que el mejor escritor vivo era Bradbury, jejejeje...
Sigue vivo el hombre...
No le he entrado mucho a Saramago, algunas cosas me han hecho seguir de largo. No sé, creo que le voy a dar otra segunda buena chance, como decís. Ahora... Ese argumento, ese punto de partida de un elefante que tiene que recorrer europa en ese siglo, me parece impresionante, muy rico...
Un abrazo y espero que te esté yendo impecable en este comienzo de clases (seguramente es así).

Hebert Zarrizuela dijo...

Pedro:

Saramago no es santo de mi devoción. Comencé a leer "Ensayo sobre la ceguera" en verano, y la combinación del calor con la incomodidad de su prosa me disuarieron en la página 20. Después leí uno de sus libros de cuentos, pero me dejó con gusto a poco. El estilo indirecto libre me parece contraproducente en todos los sentidos. La ventaja psicológica que ofrece ha perdido efecto a fuerza de tiempo y recurrencia. Sin embargo, y porque te juzgo un lector ejemplar, le daré una chance al señor.
Te imagino en ese ómnibus, hundido en los aires fantasmales de Rulfo; en dos tiempos y en dos sitios.
Un abrazo grande.
L.

Telemías dijo...

Leo: pienso muy distinto en cuanto a Saramago. Es una cuestión de gustos, obviamente. Si ya le dedicaste veinte páginas y no se pudo, no se pudo. Yo no volvería. Me iría hacia algo que me gustara.

Un gran abrazo

pd: tus imaginaciones están muy bien imaginadas.

Leonardo dijo...

Leí con placer -aunque tuve que abandonarla durante un mes, algo asqueado-: Ensayo sobre la ceguera. También leí El evangelio según Jesucristo. Hay algo en la prosa de Saramago que te hace pensar en esto: "Este tipo sabe lo que hace". puede gustarte o no su estilo o lo que elige decir, pero mi detector de escritores se enciende y parpadea feroz ante un libro del portugués. Es cierto que he intentado con otros libros suyos, sin éxito -sobre todo cuando se pone a joder con las fábulas o las alegorías-. Pero bueno. Se lo perdono, hasta mis autores favoritos han escrito porquerías. No conozco uno solo del que me guste toda su obra. Como bien decís vos, Pedro, el tipo podría haber escrito "Ensayo..." y nada más... sin embargo, se arriesgó con la peripecia de un paquidermo. Eso es valor y honestidad. Las respeto más que al genio.

Telemías dijo...

LAC: es muy compartible lo que decís, sobre todo lo del valor y la honestidad (a mí me gusta un grado más el valor) en oposición al genio. El genio viene solo, pero el valor, no lo creo.

Saludos y me voy para tu blog

Ignacio dijo...

Pará, pará: de las declaraciones del Hebert se desprende que algo de Borges no le gusta. ¿O lo considera por fuera de los autores?

Telemías dijo...

Ignacio: no veo cómo de declaraciones de Hebert pueden salir esas conclusiones. Explícate pues.

Hebert Zarrizuela dijo...

Imagino, Pedro, que Nacho se refiere a Borges por lo de la ceguera explícita en el título de la novela de Saramago. Intuyo eso...
Nacho: Borges sigue siendo mi ídolo en los versos y quizá en la elección de las palabras. Sus cuentos y sus ensayos van perdiendo encanto para mí. Sospecho que su obra en prosa fue una manera inteligente de dar validez, explicación y soporte, a su poesía.
Un abrazo a todos.
L.