viernes, 4 de septiembre de 2009

MI ÚLTIMO SUEÑO


Amanecer del martes.

En determinado momento entro a una suerte de gimnasio con paredes de bloque de dos metros y medio. Creo que voy vestido como para ir al liceo, es decir, con cierta prolijidad. De repente veo un punto que aparece en el cielo y que rápidamente se agranda y se me viene encima desde arriba. En un árbol arrancado de cuajo que ha viajado a través del aire. No hay techo en ese gimnasio, lo que facilita la imaginación de que alguien está lanzando árboles desde cierta distancia hacia ese lugar, como si se tratara de un jugador de básquetbol que lanza a un aro. Instintivamente trato de esquivar el árbol pero no demoro mucho en darme cuenta de que eso no depende de mí. El árbol cae con gran estrépito a mis espaldas y me salvo. Enseguida vienen más objetos: algunos prismas enormes hechos de madera, otros de cristal. Todos caen cerca y se incrustan en la tierra. Yo mientras tanto camino hasta el final del gimnasio y abro una ventanilla que en el acto se transforma en una pequeña puerta. Del otro lado, con intenciones de entrar al lugar del que yo voy saliendo, aparecen un conocido profesor de matemáticas de San José (un hombre de no muy gran tamaño) y otra conocida profesora de inglés. Él está vestido impecable, como siempre. Ella usa campera negra.
-¿Ustedes mandaron esto? –les pregunto, aunque de alguna manera sé que sí, que fueron ellos.
Los dos me quedan mirando serios y ahí termina el sueño.

7 comentarios:

Hebert Zarrizuela dijo...

¡Me encantó!
Eso de los árboles cayendo, para mí, sugiere una preocupación ecológica latente. Pero no he venido con intenciones de aplicar las escurridizas argucias del psicoanálisis... No sé por qué, cuando leí la descripción de ese punto lejano que se aproxima desde las alturas, pensé en la película "Fenómeno", con Travolta. Me encanta esa película... ¿Alguien la vio?
Abrazos y dulces sueños.

Jorge ABEEL dijo...

Bueno... creo que en un sueño uno no se debe vestir con excesiva prolijidad, ya que el sueño diurno de la calle es de polifacética chatarrería, y como los árboles son las chapas de la naturaleza, hasta ellos vuelan hoy día, hallo cierta relación con el profesor de matemáticas, por los prismas, lástima que no era una profesora de Ecología, de seguro estoy errado con mi interpretación, pero no me interesa, me agradó el sueño-cuento, y me deja preocupado ya que me trae a recuerdo que jamás sueño dormido y mucho menos por desgracia despierto, al menos para escribir cosas agradables como ese relato. Saludos. jorge

Trenaluna dijo...

Buenas! los sueños siempre nos cuentan historias increibles y lejos de ser metafórica intento ir a todo aquello que de nosotros mismos nos cuesta creer... están repletos enlaces desencadenantes; son sin duda y es mi creer, un libro abierto hacia nuestros propios laberintos ( y no digo laberintos entonando en lo complejo) muchas de las veces, las cosas simples son las menos develadas y origen de otros tantos desvelos! saludos...

Vero dijo...

Jjajaja! por ese tipo de sueños es que las horas de coordinación general deberían desaparecer...muy bueno
Saludos

Ramiro Sanchiz dijo...

Mmmm... no sé si hay una preocupación ecológica latente. Un árbol volando es un árbol desarraigado, también es un desafío a la lógica (quizá contradiciendo la vestimenta prolija); y, lo más interesante, en el sueño sabías quién era el responsable.
Esas raras certezas que tenemos en los sueños no dejan de obsesionarme.

Telemías dijo...

Amigos: gracias a todos por pasar y comentar.
Leo: no vi la película, pero en pleno uso de mis facultades te digo que no tengo una "preocupación ecológica". Lo más parecido a eso que tengo es un poco de miedo por ese bendito meteorito que me enteré que va a pasar cerca...

Jorge: te garanto que en algún momento sí soñás, te garanto.

Trenaluna: lindísimo eso del libro abierto hacia nuestros propios laberintos...

Vero: ¡APOYO INCONDICIONAL A ESA MEDIDA!!!

Ramiro: son raras esas certezas, por cierto. Nos vemos pronto!!!

Damián González Bertolino dijo...

Después de una cierta temporada con muchos problemas con la computadora, me estoy poniendo al día con los blogs amigos, y vengo a leer esto primero en tu blog... Anoche, justamente, estábamos hablando con V. acerca de sueños con árboles... Ella me contaba que una vez en que pasó internada toda una temporada tenía un sueño recurrente que era el de los árboles incendiados. Yo agregué que ese sueño, pese a lo fantasmagórico, me parecía bastante esperanzador, y me hizo acordar ese pasaje de los "naufragios" de Álvar Núñez cabeza de Vaca, en el que el protagonista, absolutamente perdido de noche en la selva, se salva y se orienta al ver un árbol (uno solo) incenciado. Ese árbol le marca el camino para seguir. La similitud bíblica con la zarza ardiente para mí es bastante visible. En cuanto a tu sueño, creo que ahí entran otras cosas del árbol como símbolo común (más allá de que yo no pueda saber tu vida interior de esos días); pero es un sueño muy espiritual. Es decir, el árbol es ese objeto que comunica con lo profundo, que hunde sus raíces hacia lo bajo, donde están nuestras pasiones ocultas o habilidades no visibles. Seguramente andabas desarraigado en ese sentido... ¿Sin escribir?... El árbol volando se me aparece como una señal. Pero también el árbol es la Cruz. Es la Cruz que llega sobre ti y te exhorta a una reacción, ¿no?
Bah! Un abrazo grande...