jueves, 2 de octubre de 2008

Con el escritor LEONARDO CABRERA (entrevista)



¡Finalmente ocurrió lo que tenía que ocurrir! A fines de setiembre de 2008 ha salido de la imprenta el primer libro de Leonardo Cabrera, MECANISMOS SENSIBLES (Ediciones de la Banda Oriental, Montevideo. 128 págs.).

Allá por febrero Talón de Ulises le había hecho una entrevista al autor de estos nueve cuentos. Consideramos pertinente ponerla a disposición de los lectores una vez más. Ni el entrevistado ni el entrevistador sabían entonces que se venía el libro, pero era algo que se intuía. Estricta justicia literaria, si me permiten.



LA ENTREVISTA


“Lo importante es buscar la voz propia, la voz más honesta para decir lo que queremos contar.”


Leonardo Cabrera nació en San José hace veintiocho años. Fue ideólogo, editor y articulista de La Letra Breve, revista que recorrió las calles del interior del país desde el 2004 hasta el 2006. Cuentos suyos han aparecido en publicaciones de Uruguay y España, donde ha participado con éxito en diversos concursos literarios.




-¿En qué momento decidiste dedicarte a escribir?

-Dedicarme a escribir. No estoy seguro. Eso fue algo que se dio en un límite bastante difuso, así que no recuerdo el momento exacto. Ni siquiera recuerdo el año. Y como no me acuerdo, me he inventado una historia, una ficción, que debe aproximarse a la verdad (pero que no es toda la verdad, claro). Esta es esa historia: fui hijo único durante diez años. Eso es bastante tiempo para que un niño aprenda lo que es andar solo por una casa, aún cuando dos primos viven al lado. Así que todos los juegos que yo recuerdo de niño dentro de mi casa eran juegos solitarios que requerían necesariamente de la imaginación, de crear al otro, de inventarse compañeros de juego a los que había que asombrar. Había mucho de teatro en mis juegos a la hora de la siesta. También me gustaba dibujar, mucho. Hasta hoy, mi madre sigue recriminándome que haya dejado de hacerlo. Ella cree que yo tenía talento para eso. No estoy seguro. Bueno, el dibujo también es una actividad solitaria. No sé cómo, pero en casa había alguna revista de historietas (dos, una de Shazam y otra de Superman, chiquitas, de Editorial Novaro, mexicana). Yo no sabía leer, así que miraba los dibujos y trataba de deducir, por las expresiones, lo que pasaba allí. Era un misterio considerable para mí, me maravillaba el hecho de que las letras pudiesen darle sentido a la historia. Yo vislumbraba la magia del lenguaje. Empezar la escuela me iba a dar la posibilidad de desentrañar ese misterio, tenía muchas ganas de saber leer. Me acuerdo de la fuerza de esas ganas. Como ves, todo está mezclado allí, cierta soledad, el dibujo, la lectura, la pasión por las historias… luego, como suele pasar, crecí. No dejé de leer historietas. Cada peso que caía en mis manos (casi siempre proveniente de mis abuelos) se destinaba a canjear o comprar nuevos ejemplares. Era difícil seguir una colección, más que nada porque las historietas que llegaban a Uruguay eran españolas (de las editoriales Zinco o Forum), y eran material sobrante de la madre patria, o sea, requecho. Pero a mí me atormentaba quedarme con baches en la colección. El caso es que fui creciendo, acompañado por mi manía de coleccionista, y en algún punto debo haber comenzado a entender que mucho más que los dibujos, lo que me atrapaba de aquello era la historia, las palabras. De niño había leído bastante, sobre todo libros que me prestaban en la biblioteca (un armario), de mi escuela (la Nº55). Pero del que más me acuerdo es de un libro que estaba y que todavía ha de estar en la casa de mis padres: Azabache, de Ana Sewell, la conmovedora historia de un caballo negro con una mancha blanca en la frente. Lo menciono para ser justo con uno de mis pocos recuerdos verdaderos. Pero vuelvo a la pregunta. A ese muchacho apasionado por el dibujo y los comics le llegó la hora de la literatura en el liceo. Estuvo bien. Tuve suerte. Una buena profesora y un programa interesante. Un verano saqué dos tomos de las Obras Completas de Borges de la biblioteca del Museo (donde mi hermana estudiaba teatro), y los leí enteros. Y me gustó. Para marzo, yo ya quería ser Borges. Creo que llegué a decirlo en vos alta: “Yo quisiera haber sido Borges”. Así que me puse a imitarle todo, estilo, estructura, lenguaje… todo. Hace poco leí un cuento de esa época y me dio una vergüenza tan grande que casi lo borro de la computadora. Pero no lo borré. Por algún lado hay que empezar, yo empecé por Borges (y después vino Cortázar), no está mal. Lo importante, como me dijo un buen profesor de literatura, es no quedarse con eso, es buscar la voz propia, la voz más honesta para decir lo que queremos contar. Así que creo que la respuesta a tu pregunta, Pedro, es la siguiente: hace muy poco tiempo que decidí dedicarme a escribir, muy poco, cuando empecé a ver que lo que escribía me sonaba a cosa mía, a algo que, más allá de las influencias evidentes, me pertenecía como cosa nacida de mí mismo.

-Has participado en diversos concursos literarios, obteniendo varios reconocimientos, menciones, etc. ¿Cómo influye ese tipo de cosas en alguien que ha decidido expresarse de esta forma?

-Es un estímulo. Nunca hay que despreciar la alegría, y evidentemente, si mando un cuento a un concurso y a los meses me dicen que lo eligieron entre cuatrocientos, claro que me pongo muy contento. No obstante, antes pensaba que esas cosas tenían más importancia de la que hoy creo que tienen. Están muy bien los concursos, hay pocas otras vías para que los escritores nuevos se den a conocer, pero hay que entender que la literatura (y el arte, en general), no es una cuestión de tabla de posiciones, así que nos convendría no olvidarnos, ni cuando ganamos ni cuando perdemos un concurso, de que todo certamen de este tipo es inherentemente injusto.

-Es significativo que, en tu caso particular, la oportunidad de publicar tus cuentos te haya venido, sobre todo, desde el exterior. Hay relatos tuyos publicados en libros de España, por ejemplo. Aunque también te han leído en ámbitos más cercanos a través de revistas. ¿Qué te comentan tus lectores acerca de tu trabajo? Te lo pregunto por aquello de que nadie es profeta en su tierra...

-Uruguay es muy chiquito. Mientras uno más crece, se va volviendo más y más chiquito, como una casa que tiene el cielorraso demasiado bajo, y uno se siente como aplastado, como si tuviera que andar todo el tiempo encorvado, haciéndose más pequeño de lo que es. Publicar acá es una cosa bastante complicada. Por otra parte, para ser profeta, ya sea en tierra ajena o propia, primero hay que tener una obra. Todavía no es mi caso. Una docena de cuentos no es una obra. Ahora, bien, acerca de las opiniones que me han llegado de lo que escribo, son de lo más variadas. Mis lectores de prueba (porque tengo lectores de prueba, qué te creés), o sea, dos o tres amigos y mi hermana, suelen ser muy receptivos a mis historias, ya conocen mi estilo y han aprendido a disfrutarlo, pero sospecho que para el que me lee por primera vez entrar en mi forma de contar mis historias puede ser una tarea un poco ardua. Cuando haya publicado un libro y tenga contacto más fluido con mis lectores maragatos, te cuento si el profeta tuvo éxito en su tierra o fue exiliado sin miramientos.

-Los personajes de tus cuentos a menudo tienen una vida interior muy reflexiva. Piensan todo el tiempo en lo que les ha sucedido y cómo resolverán la situación planteada. ¿Cómo es el proceso de armado de estos personajes? ¿Siguen un patrón, o es algo más azaroso?

-Mis personajes protagonistas, que muchas veces son los narradores de mis cuentos, suelen pensar mucho, es verdad. Monologan, van y vienen, están todo el rato como en la tarea de desarmar una madeja enredada. Esos son los personajes y narradores que me interesan, sencillamente, implicados en la historia, haciendo el esfuerzo por desentrañar la trama por su lado, por comprender y comprenderse. Hasta ahora, eso surgía de forma espontánea y natural. Dije “hasta ahora”, porque de un tiempo a esta parte he comenzado a preocuparme más por entender yo mismo el patrón de conducta de mis personajes. Eso puede quitarle algo de azar al proceso, aunque sentarse delante del teclado siempre depara sorpresas, por suerte, de otro modo esto de escribir sería aburrido, y no la maravilla que es.


-Es visible, a lo largo de estos años de escritura, que tus relatos han cambiado sustancialmente. Los primeros, por ejemplo, jugaban más con la idea de determinadas sustituciones, o incluso estaban más relacionados a determinados giros de lo fantástico. Últimamente las situaciones y los personajes son más realistas. ¿Sos consciente de esta evolución, o se ha dado naturalmente?

-Se ha dado con naturalidad, con una naturalidad no del todo ajena a mi conciencia. Esto tiene que ver con lo que dije antes, de buscar la propia voz. Si te fijás, eso de las sustituciones y los giros fantásticos tiene mucho que ver con mis primeras influencias. Son cuentos escritos bajo el influjo de mis primeras pasiones como lector. Esto no quiere decir que lo fantástico ya no me seduzca. El problema con lo fantástico es que con frecuencia puede volverse un mecanismo tramposo en el que la historia se vuelve una excusa para hacer funcionar un artilugio final. He escrito así. He escrito muchos cuentos persiguiendo ese fin. Era parte de un aprendizaje, sospecho. A medida que los personajes comenzaron a importarme más, cuando dejé de verlos como monigotes que ponía allí para que la maquinaria funcionase, necesariamente fui volviéndome más “realista”, más preocupado por retratar personajes verosímiles, si se quiere. De todos modos, creo que en mis historias siempre hay un elemento fantástico latente, aunque a veces pueda sublimarse por el lado psicológico o de un modo no explícito.

-Hace unos días tuvimos una conversación en la cual me planteaste determinadas apreciaciones relativas al jazz, a la experticia de los músicos y las posibilidades de improvisación. Y esa improvisación, me parece, debe estar asociada a la inspiración del momento. Trasladando esto a lo literario, ¿cuánto hay de habilidad técnica en tu escritura y cuánto de inspiración?

-Comencé a escuchar jazz gracias a un amigo, hace relativamente poco tiempo, pero la verdad es que me tiene asombrado. Y sí, por lo que sé, es probable que haya una relación entre la improvisación a partir de un estándar y la inspiración de un escritor, porque ambas, se me ocurre, tienen mucho que ver con el poder de imaginar. Yo concibo la inspiración como un determinado estado del creador en el que es capaz de ver realmente la historia que va a contar, como si la historia ya estuviese allí y él se limitase a descubrirla. Hay días más inspirados para avanzar por ese camino, y hay días menos inspirados (los más, en mi caso). Respecto a cuánto hay de inspiración y cuánto hay de técnica en mi escritura, yo quisiera que hubiese mucho más inspiración, imaginación y sorpresa, de la que realmente hay. La técnica puede trabajarse, y esa es la obligación principal del escritor, tener bien surtida su caja de herramientas (Stephen King dixit), porque con esas herramientas (y un poco de suerte) vamos a poder transformar la gema en bruto de la inspiración en una obra de arte. ¿Qué más puede pedirse?

-Otro aspecto de tu narrativa que ha cambiado es el de la extensión de tus trabajos, cada vez más largos y, si se quiere, con personajes mejor logrados, más complejos y más ricos desde lo psicológico. ¿Estamos acercándonos a una novela de Leonardo Cabrera?

-No estaría nada mal. Me gustaría mucho poder escribir una novela. Esto tiene que ver con mi propia madurez, personal y como escritor, y no con otra cosa. A medida que uno comienza a preocuparse por asuntos más hondos y complejos, el recipiente de un cuento puede ir quedándose corto y hay que comenzar a pensar en una historia de largo aliento, una historia que, aunque sólo sea por su mayor extensión, nos permita tocar un espectro más amplio de asuntos. Para referirnos a algo de lo que vos y yo hemos hablado hace pocos días, hagamos pública nuestra admiración para con Dostoievski y su Crimen y Castigo. Ahora, ¿te imaginás que el ruso se hubiese propuesto resumir el asunto de su novela para transformarla en un cuento? Imposible. La historia de Raskólnikov necesita esa extensión, no hay otra forma de desarrollarla sin traicionarla. Forzar los límites naturales de una historia es una de las formas más eficaces para estropearla. Una novela condensada hasta ser un cuento o un cuento estirado para ser una novela. No debe haber cosa peor. En ese sentido, me preocupa que mis cuentos tengan la extensión que tienen que tener. Y cuando sienta la necesidad de utilizar la forma de la novela, lo voy a hacer con esfuerzo y disfrute, como creo que debe hacerse.

-En otro orden, ¿cómo ves el aspecto cultural en nuestro departamento? ¿Y en Uruguay?

-Lo veo con preocupación y desaliento. En nuestro departamento, a mis ojos, lo cultural es tratado como una cuestión aledaña, accesoria y de segunda o tercera importancia. Hay, no obstante, esfuerzos loables que sería injusto no mencionar. Creo que el Museo lleva adelante una actividad vigorosa a lo largo del año; del mismo modo que lo que ha hecho la Asociación de Artistas Plásticos en su local de Espacio Arte me parece digno de elogio. La Feria del Libro es un emprendimiento interesante, llevado a cabo por una pequeña oficina en la que un equipo reducido de personas trabaja mucho y hace todo lo que está a su alcance para que la Feria salga lo mejor posible. Allí hace falta más gente, más recursos, y una planificación que se extienda a lo largo de todo el año, y no durante los escasos dos o tres días de la Feria. La promoción del libro y la lectura debe ser una preocupación continua y constante, no simbólica.
Y si pasamos a hablar de Uruguay, creo que el problema básico es que debería limitarme a hablar de Montevideo. La centralización del país no deja que se escape nada. Lo que yo percibo allí es chatura, conformismo y falta de oportunidades. Las cosas están bien como están, somos todos tan talentosos, tan inteligentes, están todos los lugares tan bien ocupados, que para qué nos vamos a andar moviendo mucho… y yendo al ámbito específico de la literatura (y de la narrativa, en particular), adhiero a lo que dijo Damián González en una entrevista que publicó el Talón... hace algunas semanas, acerca de la falta de crítica literaria. Es cierto. Parece que el ambiente, al ser tan chiquito, se ha vuelto condescendiente. La crítica es necesaria porque aguijonea, porque moviliza a la discusión y porque cuando es inteligente, honesta y verdadera (hablo de una crítica dirigida por el deseo de hacer mejor al que es criticado), es una herramienta esencial para el creador.

-¿Cuál es tu evaluación de una publicación como La Letra Breve?

-Me encantaba hacer la revista. Desde el comienzo, pensé que era necesaria. A través de ella, muchos lectores leyeron muchos cuentos de autores a los que, de no ser por La letra…, probablemente no habrían leído jamás. En ese sentido, creo que cumplió con la misión que al hacerla le encomendamos. Cada mes, cada nueva edición era lo mejor que podía ser. Sólo tuvo dos limitantes, el talento y capacidad de sus responsables, y el dinero. El eterno obstáculo, que va de la mano con la cuestión de la chatura de la que hablaba en la respuesta anterior. Pagábamos la imprenta y nos quedaban en la mano unas chirolas. Al menos nunca salimos perdiendo.
Por último, tengo que agregar que, a nivel personal, gracias a la revista conocí y entablé amistad con personas a las que, felizmente, puedo contar hoy entre mis amigos. Sólo por eso vale la pena cada noche de desvelo pensando en el contenido de la edición siguiente.

-¿Qué libros querés recomendarle a los lectores de T. de U.?

-He estado leyendo a Paul Auster, últimamente, y la novela que más me ha impresionado de este autor norteamericano es El palacio de la luna. Un autor que leo desde hace largo tiempo es Joseph Conrad, y si tengo que elegir una historia suya me quedo con La línea de sombra. Ya que en esta charla mencioné al casi fusilado Fiodor Dostoievski, sería bueno recomendar su Crimen y Castigo. Como verás, estoy recomendando al azar. Dos más y termino: Las armas secretas, de Julio Cortázar y Crónicas marcianas, de Ray Bradbury.

24 comentarios:

Leonardo dijo...

Gracias por subir la entrevista, Pedro, y gracias por el sincero entusiasmo que sé que tenés por la salida de "Mecanismos...". Ahora, releyendo la entrevista, me di cuenta de lo acertadas que estuvieron las preguntas, y también me di cuenta de las ganas que tengo de que "La letra..." exista de nuevo...

Archiduque de Applecore dijo...

Leo: te felicito por el premio, la publicación y tu futuro literario prominente (algo mesiánico de mi parte, jeje)
Espero poder conocerte algún día...

Abrazo y aguante T. de Ulises.

A.A

Leonardo dijo...

Gracias, Archiduque, siempre es bueno tener vaticinos auspiciosos de parte de la nobleza. Claro que nos vamos a conocer, el mundo es chiquito, vamos a tropezar en cualquier esquina.
Un abrazo

Telemías dijo...

Leo: gracias por la entrevista. Tus textos nacieron con un hado, que ahora está en tus manos.
Archiduque: gracias por estar siempre ahí. Te digo que Leo va a andar por Maldonado (por si él no te lo dice).
saludos

Hebert Zarrizuela dijo...

Señor Pedro, señor Cabrera: mis alumnos los aguardan con entusiasmo y picardía.
L.

Damián González Bertolino dijo...

Muy buenos:
1- La aparición del libro.
2- La entrevista (que ya conocía).
3- El momento por el que está pasando Leonardo.
4- ... ¡¡Y ese sombreeeeroooo!!
Un abrazo grande.

Ignacio dijo...

Estimados:
Espero que el libro me llegue desde Treinta y Tres, ansioso. ¿Por qué no hay una revista en interné?

Leonardo dijo...

Nacho: ¡espero que te llegue! Respecto a la revista, no sé, la verdad... en realidad, sospecho que desde el comienzo La letra breve trató de ser un espacio que no había, es decir, una publicación en papel, una publicación tangible y tradicional, para editar ficción breve. En internet ya hay de eso, ¿no? Fijate en todos esos blogs comestibles (la tarta, el chorizo), y en otros (a happy disease, eldorianos, las modestas irrupciones), y muchos otros que ni siquiera conocemos... o sea, en formato "digital" -ya esa palabra suena arcaica- hay soportes para la ficción breve. Me parece que lo que necesitamos, como buenos nostálgicos, es una revisttita que se pueda tocar, oler, una con la que se puedan envolver huevos, cuyas páginas puedan absorber la humedad del piso o encender un fueguito en invierno. Estamos pensando en eso. Quizá, el año próximo... recibimos inscripciones para futuros colaboradores.
¡Saludos!

Ignacio dijo...

Leo:
Desde ya estoy anotado para la revista esa que puedan ver nuestros alumnos, que pueda amarillear en los kioskos, que te acompañe en la consulta del dentista.
En cuanto a tu libro, debo decir que se ha redoblado mi ansiedad, ya que llamé a mi madre y el libro que llegó a Treinta y Tres es cualquier otra cosa... ¿Cómo es: a mí me llegan atrasados o todavía no está en circulación? Joder.

Telemías dijo...

Creo que todos los que aparecen aquí tienen algo que decir para la revista que se hará el año que viene. Y se sumará algún colaborador del extranjero, con suerte. Estaría muy bueno. Deberíamos pensar en proyectos, concursos, etc.

Damián González Bertolino dijo...

Yo me ofrezco para cuidar los coches en el estacionamiento de la redacción, mientras los demás escriben. Eso se me da bien; y mientras tanto leo, y leo, y leo...

Damián González Bertolino dijo...

Además, Nacho... Sinceramente... ¿¿Hace cuántos años que vivís en Maldonado?? Yo me dedicaba a la recolección y la pesca, me acuerdo, por esos años. ¿Y seguís viviendo en Treinta y Tres para el Raviolo Statement? Vamo' arriba... Una fuercita ahí...

Leonardo dijo...

Nacho:
mirá, la verdad es que no sé, yo tengo entendido que el libro se distribuye este mes, pero no sé, ya sabés lo que dicen: "puede fallar".

Rafael Tortt dijo...

Geniál la entrevista, Pedro. Me gustó muchísimo. Espero porder conocer a Leonardo dentro de poco. Un abrazo.

Ignacio dijo...

Es verdad, se ve que todavía no he llegado a asumir que vivo en Maldonado, como ha hecho mucho más fácilmente Pedro según me dijo, que incluso me convirtió en fernandino. (Conste que se disculpó). Pensándolo bien, ya trasladé mi credencial para poder votar a Oscar Joe...

Ignacio dijo...

Yo me ofrezco a limpiar el baño de la redacción, siempre y cuando no tiren puchos al váter.

lorena dijo...

Hace un par de días me llegó el libro Mecanismos sensibles, y realmente me impresionó la narrativa de este autor, desconocido para mi hasta el miércoles pasado. La verdad es que no he tenido tiempo para leerlo completo . "En el borde difuso" y "Mi primera tarde en el río" me parecieron impecables.

Telemías dijo...

Lorena: bienvenida a estas páginas. Disfrutarás mucho con el libro de Leonardo, sin dudas.
Saludos

Archiduque de Applecore dijo...

¿Leonardo va a estar en el Encuentro de Escrituras que se realizará acá en Maldonado, dando su inicio el día 22 de este mes?

Saludos!

A.A

Telemías dijo...

Archiduque: sí, Leo va a ir al encuentro. Lo que no sé es en qué día. Capaz que el mismo te lo responde.

Archiduque de Applecore dijo...

Bueno, si lo ves (o le escribís, jeje) decile que las profesoras que están organizando el encuentro quieren que sean los alumnos del CeRP quienes presenten a los escritores, y yo me ofrezco (con mucha expectativa) a presentarlo, si es que él acepta.
Si tiene blog o correo, pasámelo y yo le escribo o me contacto con él. Gracias!!!!!!!!!!

A.A

Telemías dijo...

Archiduque: probá a mecanismossensibles@gmail.com que es la dirección que aparece en su libro.

Leonardo dijo...

Lorena: gracias por lo que decís acerca de esos dos cuentos. Me alegra que te hayan gustado... contame, si querés, que te han ido pareciendo los demás. Saludos.

Archiduque: pero qué honor, ser presentado por la realeza. Escribime a mecanismossensibles@gmail.com así te paso mi correo personal y arreglamos el cachet, y esas cosas... Un abrazo.

Osvaldo Fajardo dijo...

Leo; que fenomeno, en algo te ibas a convertir, fuimos compañeros en secundaria y supe apreciar algunas hojas de tus propias historietas, eran buenas.
Segui adelante y un abrazo.
Osvaldo.